Una mirada a la Hemodiálisis

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Rafael García Maset. Jefe Servicio Nefrología, Hospital Manises, Valencia

En España la Enfermedad Renal Crónica (ERC) es un problema sanitario de grandes dimensiones ya que según el estudio EPIRCE (Otero A. Nefrología 2010; 30(1):78-86) casi un 10% de la población general sufre algún grado de ERC. De estos 4,6 millones de habitantes españoles afectos y, según los datos del último Informe de diálisis y trasplante del año 2014 del Registro Español de Enfermos Renales, unos 55.000 habitantes son los que realizan tratamiento renal sustitutivo en cualquiera de sus modalidades, suponiendo un 2,5-3% del gasto sanitario total fundamentalmente a expensas de la hemodiálisis. Estos pacientes prevalentes aumentan un 3% cada año de forma progresiva con el envejecimiento y con otras enfermedades como son la hipertensión arterial y la diabetes mellitus.

La inclusión de pacientes en las diferentes modalidades de tratamiento renal sustitutivo que había sufrido una cierta estabilidad entre 2010 y 2012 se incrementa en 2013 y sobre todo en 2014 llegando aproximadamente a unos 6.250 pacientes anuales, mayoritariamente en la terapia de Hemodiálisis (79,2%).

Con estos datos no pretendo nada más que ilustrar la gran cantidad de pacientes que inician hemodiálisis cada año, aumentando así sus programas en todas las unidades tanto a nivel nacional como mundial.

Históricamente hemos avanzado mucho. Lejos quedan ya los monitores con cuba independiente, los concentrados de lactato, los filtros de Cuprofan, el uso generalizado del hidróxido de Aluminio o la ausencia de eritropoyetina.

En la actualidad, la mayoría de nuestros pacientes son dializados con técnicas novedosas, muchos de ellos con hemodialfiltración “on line”, alcanzando altas dosis de diálisis y con importantes mejoras tecnológicas que favorecen una mayor calidad de hemodiálisis como son la producción de agua ultrapura, los mecanismos de seguridad y control de los monitores… También asistimos a un aumento progresivo de los pacientes que se trasplantan gracias a la búsqueda constante de diferentes estrategias para aumentar la donación pero aún así son insuficientes para poder trasplantar a todos los pacientes que se encuentran el lista de espera.

La realidad es que en nuestros pacientes persiste, pese a todos los avances descritos, una calidad de vida aún deficiente, derivada del tratamiento dialítico per se (agresividad, inexistencia de biocompatibilidad completa de filtros, soluciones, etc) así como una elevada mortalidad cercana al 15%, similar a la de algunos tipos de cáncer muy prevalentes.

Con este panorama ¿Qué podemos ofrecer más a nuestros pacientes para disminuir su morbimortalidad y mejorar su calidad de vida?

Es necesario que incorporemos mejoras en el proceso de diálisis para aumentar la eficacia depuradora de toxinas urémicas como pueden ser asegurar una mayor accesibilidad a programas de hemodiálisis frecuente (más de 3 sesiones por semana), a técnicas difusivo-convectivas (HDF OL) y a dializadores de alta permeabilidad de los que es conocido que condicionan una menor morbimortalidad. Debemos investigar en materiales de dializadores más biocompatibles y de permeabilidad más selectiva, conseguir soluciones dializantes mejor toleradas, una anticoagulación más selectiva… y por qué no, un acceso vascular diferente al que conocemos en la actualidad.

Otra manera fácil y sencilla de mejorar la calidad de vida a nuestros pacientes sería acercarles el tratamiento dialítico a su domicilio. Gracias a la tecnología, cada vez se han simplificado más los equipos de hemodiálisis domiciliaria incluso hasta el punto de no precisar de una instalación específica en el domicilio pudiendo realizar el tratamiento prácticamente en cualquier lugar. Otros avances han sido los nuevos softwares más “amigables” que hacen más sencillo su manejo y la aparición de nuevos dispositivos vasculares que facilitan la punción de las fistulas arteriovenosas con la técnica del ojal (buttonhole) por parte del propio paciente.

Realizar el tratamiento en casa ofrece la posibilidad de adaptar la diálisis a la realidad de cada paciente ya que posibilita dializarse cada día un tiempo adecuado, logrando un perfil más fisiológico que se acerca al funcionamiento de un riñón nativo. Al mismo tiempo que concilia mejor la terapia con su vida personal e implica más al paciente en su tratamiento siendo parte fundamental del mismo.

Al hilo de lo anterior y complementario a ello, también existe la telemedicina. A veces los pacientes que realizan diálisis en su domicilio tienen la percepción de un menor control médico por parte de su nefrólogo. Con la revolución tecnológica y los avances informáticos actuales y venideros, deberíamos ser capaces de poder atender a los pacientes en su hogar como si se dializaran en nuestra Unidad de diálisis, pudiendo disponer de los datos del monitor en tiempo real, teniendo acceso a sus análisis más recientes y estableciendo comunicación con ellos si fuera necesario…

Un paso más, sería avanzar en el tamaño de los monitores de hemodiálisis para que puedan ser equipos portables incluso implantables y que ofrezcan la posibilidad de realizar una diálisis continua y permanente a la espera de un trasplante renal.

Con estas breves pinceladas sobre la hemodiálisis se pone de manifiesto que “siendo una aventura” los principios de la hemodiálisis, hemos avanzado mucho pero no debemos conformarnos con los logros actuales para así seguir mejorando y conseguir el mayor bienestar de nuestros pacientes.

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